Aunque la verdad es que nunca necesito una fecha para recordarte.

Estás presente muchísimas veces en mi día a día. En una cosa que hago, en un gesto que reconozco como tuyo, en algún rincón de mi casa o simplemente en uno de esos momentos en los que pienso cuánto me gustaría tenerte a mi lado.

Han pasado tres años y hay algo que continúa siendo difícil de explicar: para mí sigues aquí.

Quizá porque dejaste demasiado de ti en mí como para sentirte lejos.

Cuando pienso en mi infancia, pienso inevitablemente en ti. En lo protector y cariñoso que eras conmigo, en todos aquellos caprichos que me cumplías, en los sitios a los que me llevabas simplemente porque yo te lo pedía.

Yo sabía que era tu niña.

Y me encantaba serlo.

Hay un recuerdo al que volvería una y mil veces. Aquellas noches en las que iba a tu cama para que me rascaras la espalda. Algo tan sencillo que entonces parecía formar parte de cualquier día y que hoy daría cualquier cosa por volver a sentir durante unos minutos.

Después crecí, pero nunca dejé de acompañarte.

Me hacía gracia cuando encontrábamos a alguien y decías:

«Vengo con mi secretaria.»

Tu secretaria.

Y qué feliz era yo siendo parte de tu mundo.

Con los años, aquella secretaria terminó convirtiéndose también en tu «pinche».

Cuánto trabajamos juntos, Papá.

Especialmente en mi casa.

Todavía puedo vernos cavando la cimentación, llevando carretillas, poniendo piedra, midiendo y nivelando todo hasta que quedara como a ti te gustaba: bien hecho.

Porque tú eras así.

No había trabajo que te asustara ni problema para el que no intentaras encontrar una solución. Tenías unas manos capaces de hacer casi cualquier cosa y una cabeza que nunca dejaba de pensar cómo hacerlo un poquito mejor.

Yo te admiraba muchísimo.

Y hoy me doy cuenta de cuánto aprendí simplemente estando a tu lado.

Me enseñaste a trabajar, a buscar soluciones, a no rendirme y a pensar que, por complicado que parezca algo, siempre merece la pena intentarlo.

Me ayudaste a construir mi casa, pero también me ayudaste a construir la persona que soy.

Y quizá por eso te encuentro tantas veces.

Cuando estoy haciendo algún trabajo, enseguida apareces en mis pensamientos.

Esto con Papá sería mucho más fácil.

Papá sabría cómo hacerlo.

Si estuviera aquí, seguro que encontraría la solución.

Y entonces te echo muchísimo de menos.

A veces incluso te pido:

«Papá, ayúdame.»

Porque, de alguna manera que no sé explicar, sigo sintiendo que puedo hacerlo.

Fueron muchos los momentos difíciles que vivimos juntos durante aquellos últimos años. Verte perder poco a poco aquella energía y aquella vitalidad que siempre te habían caracterizado fue probablemente una de las cosas más duras que me ha tocado vivir.

Pero no quiero quedarme con esos recuerdos.

Cuando pienso en ti quiero encontrar al Papá alegre, bueno, incansable y generoso que siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás.

Quiero recordar tus inventos, tus soluciones, nuestras obras, nuestras conversaciones y todos aquellos momentos que entonces parecían normales y que hoy tienen un valor inmenso.

Y quiero recordar, sobre todo, cuánto me querías.

Porque me quisiste muchísimo.

Y yo a ti.

A veces me sorprendo en pequeños gestos y te reconozco. En mi carácter, en mi creatividad, en mi manera de hacer algunas cosas, incluso en cómo cojo algo con las manos o en pequeñas costumbres que compartíamos.

Y sonrío.

Porque ahí estás tú otra vez.

Dentro de unos días habrán pasado tres años y sigo teniendo una sensación que me acompaña desde el principio.

Cuando voy a tu casa no siento un vacío.

Es como si simplemente hubieras salido y no estuvieras allí en ese momento.

Quizá mi corazón encontró su propia manera de entender todo esto.

O quizá es mucho más sencillo:

para mí, Papá sigue aquí.

Si pudiera tenerte delante unos minutos, no necesitaría decirte grandes cosas.

Volvería contigo a mi infancia, a aquellas noches, a todos los lugares a los que me llevaste, a tu «secretaria», a nuestra casa, a las horas trabajando juntos y a todas esas pequeñas historias que forman parte de nosotros.

Y después te daría las gracias.

Gracias por quererme de aquella manera.

Gracias por cuidarme.

Gracias por enseñarme tanto sin siquiera saber que lo estabas haciendo.

Gracias por cada momento a tu lado.

Gracias por haber dejado tanto de ti en mí.

Y te diría una vez más lo que nunca me cansaría de repetirte:

Te quiero muchísimo, Papá.

Y mientras siga encontrándote en mis recuerdos, en mis gestos, en mi casa y en todo aquello que aprendí de ti, habrá una parte de nosotros que seguirá haciendo cosas juntos.

Tu secretaria.

Tu pinche.

Tu niña.

4 comentarios en «Todo Lo Que Dejaste En Mí.»

  1. Cuantas cosas dejó en nosotros, cuantas manzanas pelaba y cortaba en trocitos para que se los «robásemos» y tener que pelar otra para él, cuantos recuerdos y todos bonitos… cuanto se le echa de menos… 🥹
    Pero tienes razón, cuando se quiere de verdad, nadie se va del todo… Te quiero mucho «Hermana mayor» ❤️‍🩹 Solo piensa lo orgullosísimo que tiene que estar de ti!!!

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  2. Ay isa cómo pasa el tiempo parece que fue ayer éramos pequeñas y nos llevaba a todas partes siempre pendiente de nosotras que gran persona era es y será xq siempre estará en nuestros corazones.Cuanto lo quería igual que el a mí .un biko enorme amiga❤️❤️

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  3. Isa…
    Un homenaje muy especial para un padre.
    Tú texto es un reflejo del cariño y amor que le tenías.
    Algo que el tiempo nunca podrá borrar.
    Es un orgullo tenerte en la familia.
    Un abrazo inmenso 🤗 💕 😘

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